En silla de ruedas de Siria a Grecia: una dramática experiencia

Alan y Gyan Mohammad son dos hermanos sirios -hombre y mujer- que padecen distrofia muscular, que están postrados en sendas sillas de ruedas y que, pese a todo, han logrado una hazaña: escapar de la guerra en su país natal y del terrorismo de Estado Islámico en Irak.

Los dos hermanos vivían en Hasaka, una ciudad ubicada en el extremo noreste de Siria. Su enfermedad les impide realizar casi cualquier movimiento, pero, aun así, han conseguido llegar a Europa… tras recorrer más de 2.500 kilómetros en dos años. Alan Mohammad, profesor, y su hermana Gyan, abandonaron su hogar en Al Hasakah, en el noreste de Siria, cuando el grupo islamista radical Estado Islámico avanzó hacia allá en 2014. Durante el periplo, junto a su madre y otros dos hermanos que empujaban las sillas de ruedas, Alan y Gyan intentaron cruzar la frontera con Turquía en tres ocasiones, pero en todas ellas la policía turca les disparó.

Los hermanos Mohammad habían oído que los guardias fronterizos turcos dejaban pasar a los refugiados discapacitados que llegaban a la frontera. Sin embargo, al llegar al paso fronterizo sirio/turco, descubrieron que no era así. Por esta razón, los hermanos decidieron Regugiados Siria LA Mordidabuscar un paso alternativo: pasar de Irak a Turquía por las montañas del Kurdistán. Lo hicieron atados, cada uno a un caballo, con correas para evitar caerse.

Como otros cientos de miles de refugiados, la familia acabó llegando a la isla griega de Quíos tras pagar a unos traficantes de personas para que los llevaran, a bordo de un bote abarrotado de refugiados, en una travesía que duró cuatro horas, pese a que la distancia es mínima.

Desde hace casi seis meses, los dos hermanos viven, con su madre y sus otros hermanos, en el campamento de refugiados de Ritsona, a unos 70 kilómetros al norte de Atenas. Allí, Alan pasa su tiempo impartiendo clases de inglés a niños refugiados.

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